
a: Osvaldo Montferrant
Estas son las ultimas cosas, estoy seguro de ello. Desaparecen una a una y ya no vuelven. Puedo hablarte de las que yo he visto y de las que me contaron que existieron, puedo gritar desde este silencio, aun sabiendo que no me vas a escuchar y puedo contarte como fueron desapareciendo todos los otros y solo quedaron ustedes, tan pocos y tan buenitos. Te cuento esta historia porque cuando vivís en esta parte oscura de la ciudad aprendes a no dar nada por sentado, y no sé cuando ocurrirá pero algún día los malos estarán en el sitio merecido, a esa esperanza no puedo renunciar.
Voy a empezar por el principio, y el principio fue cuando me avivé.
Un día el cura me dijo: “ Toma pibe, esto es para vos”. Era un libro de tapas oscuras “Operación Masacre” de R. Walsh, recuerdo que tenia en la portada un dibujo de Smoje sobre un fusilamiento. Hasta ese entonces yo no era peronista. Pero después de leerlo, no me quedaron muchas alternativas.
“La Verdad” estaba en el potrero donde jugaba todos los días, durante todo el día a la pelota con los otros pibes del barrio.
El cura era un tipo joven de unos treinta y pico, de cara tranquila y rasgos blandos, sus manos ásperas de porland y cal eran celestiales a la hora de cortar el pan y servir el vino.
Otro día me dijo: “Vení pibe quiero que veas esto”, y me llevo al cine, donde nunca antes había estado. Daban “Sacco y Vanzetti”, con Jean María Volonte. Desde entonces deje de ir al potrero. Con el paso del tiempo le escribí una carta culpándolo de todo lo que me pasaba. Le escribía que si la cultura no hubiera entrado en mi, seguramente estaría trabajando de operario en una fabrica, no estaría tan cerca de los malos y solo sufriría sus efectos. Era una equivocación, me fui transformando en otro tipo de obrero y por otro lado a mis compañeros del potrero no les fue mejor que a mí.
Entonces no era yo un hombre feliz, como no lo era Nicolás Carranza una noche de Junio del 56 en José León Suárez, como leí en Operación Masacre, como tampoco lo fue Walsh el 25 de Marzo del 77. Y Rodolfo era mas bueno que el pan.
Nicolás Carranza aun debe tener una tumba donde se reseca la tierra a fuerza de los duros pensamientos que se llevo consigo, jamás pudo entender, en el corto tiempo de vida que le quedaba, ¿por qué a él?. Nicolás Carranza, estaba en la casa de unos vecinos en el barrio de Florida tomando mate y jugando al tute cabrero, de pronto tiraron la puerta abajo y apareció el ejercito, los cargo a todos en un bondi y horas después fueron fusilados en los basurales de José León Suárez, al mismo tiempo que fusilaban al que al General Valle en la penitenciaria de la calle Las Heras. Carranza no estaba enterado de la existencia de Valle, jamás había escuchado su nombre.
De Walsh solo sabemos de su ausencia y de algún rumor que agranda el modelo, que corre como el cuerpo de Lavalle montado hacia el exilio, que mira como la cabeza en una pica de Juan Chalimin frente al dolor de su ejercito de indios, que se pregunta que pasa, como puede haberse preguntado el obispo Ponce al costado de una panamericana en construcción mientras los milicos simulaban el accidente que acabo con su vida.
A Walsh que era peronista se lo cargo la armada y solo en la locura de las madres esta vivo y hasta que se demuestre lo contrario, y reclamaremos “aparición con vida y castigo a los culpables”.
Dicen que quemaron su cuerpo en los fondos de la esma, junto a viejos neumáticos de auto.
Pero te quería contar la historia desde el principio y se van escapando rápidamente las cosas de la memoria y es como un packman gigante que se come y recicla todo. Pero a los trece años jugaba a la pelota en el potrero. Sabia muy bien donde estaba la verdad, yo era parte de la verdad sin saberlo, era inocente de la verdad o estúpidamente verdadero.
A los quince había conocido a Walsh, tenia ambición de ser cura, y era peronista.
Como tenia que ser, íbamos al frente en cada acto de rebeldía y éramos los primeros en oponernos al autoritarismo. Nos juntábamos en la Biblioteca José Ingenieros y leíamos a Marx a espaldas de nuestras mamás que seguían pensando que éramos buenos chicos, y nosotros no pensábamos en otra cosa que en hacer la revolución. Pensábamos y actuábamos en plural. Libertad, Igualdad, Fraternidad, Solidaridad.
A los 17 algunos nos perdimos entre las llamas, encerrados en un colectivo, con los gritos de la guerra repiqueteando en nuestras orejas, una tarde en Monte Chingolo.
Y los ojos impertérritos del Che, casi triste, solo, una tarde de lluvia en La Habana, o recorriendo el mundo en un póster, o aquella noche después de la batalla en una camiseta chamuscada pegada a la piel también chamuscada, entre los hierros retorcidos por el fuego, miraban sus ojos, los ojos del Che desde lo que quedaba de la remera de Víctor Mosqueira, a la parca, dulce e inexpresiva que caminaba entre los cuerpos del bautismo de fuego de los buenos chicos que a espaldas de sus mamas encerrados entre las paginas amarillas de los libros de Marx, ideaban también sueños inoportunos.
Pero la sed es abismalmente ancestral. Los recuerdos que nos trae la historia, como las pantallas de un zapping furioso, las matanzas de los indios a manos de los españoles o roquistas que son la misma mierda: la espada y la cruz. O las matanzas de los obreros de la Patagonia trágica, o los fusilamientos de José León Suárez, o la furia del poder contra los chicos de la guerra sucia en Monte Chingolo, o la desaparición de muchos ciudadanos que, supongamos mal, pensaban en contra del plan macabro de la historia.
A Carnaza lo fusilaron por peronista sin que él lo supiera, en los basurales de José León Suárez, como quemaron el cuerpo de Walsh entre la basura de los fondos de la esma, o a Víctor dentro de un colectivo después de haberlo acribillado a balazos. Una metáfora de la historia que el poder no supo jamás leerla.
“Sí una propaganda abrumadora. -escribe Walsh- pretendiera que videla defiende los derechos humanos, que massera ama la vida,... y lograran la ilusión de matar hasta el ultimo de los militantes. No harían mas que empezar de nuevo, porque las causas que mueven la resistencia de los pueblos no desaparecen de la mano de un poder represivo sino que se agravan por el recuerdo de los estragos causados y la revelación de las atrocidades cometidas”.
Tenia catorce cuando una tarde nos subimos al tren en la estación de Zárate, nos bajamos en Migueletes y desde ahí caminamos casi toda la noche hasta Ezeiza, las balas nos pasaban por encima de la cabeza no entendíamos nada, solo queríamos ver a Perón.
A Carranza una tarde lo sacaron de la casa lo metieron con otros vecinos de Florida en un bondi, unos cuantos canas los custodiaban desprejuiciadamente.
¿Por que nos llevaran? (pregunto uno.)
Será por jugar a las cartas. (dijo otro)
Me huele mal. El grandote dijo algo de una revolución. (opino el tercero, mientras Carranza se empezaba a poner nervioso)
Rodolfo prefirió dejar la casa de San Vicente, el día después de la publicación de una carta donde denunciaba las múltiples violaciones a los derechos humanos por parte de la junta militar. Por la noche llegaron como cuarenta milicos armados hasta los dientes y destrozaron el lugar sabiendo que Walsh no estaba allí, ya habían matado a su hija y allanado la casa del Tigre de donde robaron todos sus manuscritos.
Lo agarraron en Constitución alrededor de las tres de la tarde, Rodolfo tenia una pistola calibre 22 que solo pensaba usar para que no lo llevaran con vida, y así fue. Un disparo, solo un disparo y la furia armada cae sobre su cuerpo destrozándolo a tiros de Itaca. Un comando de la esma a cargo de maco (nombre de guerra del mayor julio cesar coronel), lo captura, pero el disparo de Walsh, como cada una de sus palabras hace historia, impacta en el muslo izquierdo de maco, quien cojeará por el resto de sus días.
Esto me huele mal. El grandote dijo algo de una revolución. Dijo Carranza en la víspera de José León Suárez.
Yo sé que esta historia no te dice nada, porque te perece vieja como a mí entonces la de Operación masacre. Pero se la ve tan parecida. Hoy como ayer los chicos de los barrios humildes juegan todo el día a la pelota y son inocentemente verdaderos, pero no veo muchos curas con las manos ásperas de porland, y en cambio veo algunos sembrando desigualdades. Sé que no te puedo ayudar desde este lado, porque, como diría un catalán, los muertos están en cautiverio... (y los desaparecidos)... Pero no se puede renunciar a la utopía, cuando a ella se le dio de comer tanta muerte. Estas son las ultimas cosas, estoy seguro de ello. Estamos resistiendo pasar al olvido, estamos resistiendo el olvido, pero las cosas desaparecen una a una y ya no vuelven, pasan a la historia y se confunden con el zapping. Te conté alguna de las que yo he visto y las que me contaron que existieron, puedo gritar desde este silencio, aun sabiendo que no me vas a escuchar y puedo contarte como fueron desapareciendo todos los otros y solo quedaron ustedes, tan inocentes y tan buenitos. Te grito esta historia porque cuando vivís en esta parte oscura de la ciudad aprendes a no dar nada por sentado, y no se como puede ocurrir pero algún día los malos estarán en el sitio merecido, y como ya te dije a esa esperanza no puedo renunciar, porque después de tanta búsqueda, de tanta conciencia social y de la perdida de las ilusiones puestas en la justicia, al ver que los muertos están bien muertos y los asesinos probados y sueltos, no hace mas que acrecentar una vieja sed. Este no tiene que ser el fin.
Estas son las ultimas cosas, estoy seguro de ello. Desaparecen una a una y ya no vuelven. Puedo hablarte de las que yo he visto y de las que me contaron que existieron, puedo gritar desde este silencio, aun sabiendo que no me vas a escuchar y puedo contarte como fueron desapareciendo todos los otros y solo quedaron ustedes, tan pocos y tan buenitos. Te cuento esta historia porque cuando vivís en esta parte oscura de la ciudad aprendes a no dar nada por sentado, y no sé cuando ocurrirá pero algún día los malos estarán en el sitio merecido, a esa esperanza no puedo renunciar.
Voy a empezar por el principio, y el principio fue cuando me avivé.
Un día el cura me dijo: “ Toma pibe, esto es para vos”. Era un libro de tapas oscuras “Operación Masacre” de R. Walsh, recuerdo que tenia en la portada un dibujo de Smoje sobre un fusilamiento. Hasta ese entonces yo no era peronista. Pero después de leerlo, no me quedaron muchas alternativas.
“La Verdad” estaba en el potrero donde jugaba todos los días, durante todo el día a la pelota con los otros pibes del barrio.
El cura era un tipo joven de unos treinta y pico, de cara tranquila y rasgos blandos, sus manos ásperas de porland y cal eran celestiales a la hora de cortar el pan y servir el vino.
Otro día me dijo: “Vení pibe quiero que veas esto”, y me llevo al cine, donde nunca antes había estado. Daban “Sacco y Vanzetti”, con Jean María Volonte. Desde entonces deje de ir al potrero. Con el paso del tiempo le escribí una carta culpándolo de todo lo que me pasaba. Le escribía que si la cultura no hubiera entrado en mi, seguramente estaría trabajando de operario en una fabrica, no estaría tan cerca de los malos y solo sufriría sus efectos. Era una equivocación, me fui transformando en otro tipo de obrero y por otro lado a mis compañeros del potrero no les fue mejor que a mí.
Entonces no era yo un hombre feliz, como no lo era Nicolás Carranza una noche de Junio del 56 en José León Suárez, como leí en Operación Masacre, como tampoco lo fue Walsh el 25 de Marzo del 77. Y Rodolfo era mas bueno que el pan.
Nicolás Carranza aun debe tener una tumba donde se reseca la tierra a fuerza de los duros pensamientos que se llevo consigo, jamás pudo entender, en el corto tiempo de vida que le quedaba, ¿por qué a él?. Nicolás Carranza, estaba en la casa de unos vecinos en el barrio de Florida tomando mate y jugando al tute cabrero, de pronto tiraron la puerta abajo y apareció el ejercito, los cargo a todos en un bondi y horas después fueron fusilados en los basurales de José León Suárez, al mismo tiempo que fusilaban al que al General Valle en la penitenciaria de la calle Las Heras. Carranza no estaba enterado de la existencia de Valle, jamás había escuchado su nombre.
De Walsh solo sabemos de su ausencia y de algún rumor que agranda el modelo, que corre como el cuerpo de Lavalle montado hacia el exilio, que mira como la cabeza en una pica de Juan Chalimin frente al dolor de su ejercito de indios, que se pregunta que pasa, como puede haberse preguntado el obispo Ponce al costado de una panamericana en construcción mientras los milicos simulaban el accidente que acabo con su vida.
A Walsh que era peronista se lo cargo la armada y solo en la locura de las madres esta vivo y hasta que se demuestre lo contrario, y reclamaremos “aparición con vida y castigo a los culpables”.
Dicen que quemaron su cuerpo en los fondos de la esma, junto a viejos neumáticos de auto.
Pero te quería contar la historia desde el principio y se van escapando rápidamente las cosas de la memoria y es como un packman gigante que se come y recicla todo. Pero a los trece años jugaba a la pelota en el potrero. Sabia muy bien donde estaba la verdad, yo era parte de la verdad sin saberlo, era inocente de la verdad o estúpidamente verdadero.
A los quince había conocido a Walsh, tenia ambición de ser cura, y era peronista.
Como tenia que ser, íbamos al frente en cada acto de rebeldía y éramos los primeros en oponernos al autoritarismo. Nos juntábamos en la Biblioteca José Ingenieros y leíamos a Marx a espaldas de nuestras mamás que seguían pensando que éramos buenos chicos, y nosotros no pensábamos en otra cosa que en hacer la revolución. Pensábamos y actuábamos en plural. Libertad, Igualdad, Fraternidad, Solidaridad.
A los 17 algunos nos perdimos entre las llamas, encerrados en un colectivo, con los gritos de la guerra repiqueteando en nuestras orejas, una tarde en Monte Chingolo.
Y los ojos impertérritos del Che, casi triste, solo, una tarde de lluvia en La Habana, o recorriendo el mundo en un póster, o aquella noche después de la batalla en una camiseta chamuscada pegada a la piel también chamuscada, entre los hierros retorcidos por el fuego, miraban sus ojos, los ojos del Che desde lo que quedaba de la remera de Víctor Mosqueira, a la parca, dulce e inexpresiva que caminaba entre los cuerpos del bautismo de fuego de los buenos chicos que a espaldas de sus mamas encerrados entre las paginas amarillas de los libros de Marx, ideaban también sueños inoportunos.
Pero la sed es abismalmente ancestral. Los recuerdos que nos trae la historia, como las pantallas de un zapping furioso, las matanzas de los indios a manos de los españoles o roquistas que son la misma mierda: la espada y la cruz. O las matanzas de los obreros de la Patagonia trágica, o los fusilamientos de José León Suárez, o la furia del poder contra los chicos de la guerra sucia en Monte Chingolo, o la desaparición de muchos ciudadanos que, supongamos mal, pensaban en contra del plan macabro de la historia.
A Carnaza lo fusilaron por peronista sin que él lo supiera, en los basurales de José León Suárez, como quemaron el cuerpo de Walsh entre la basura de los fondos de la esma, o a Víctor dentro de un colectivo después de haberlo acribillado a balazos. Una metáfora de la historia que el poder no supo jamás leerla.
“Sí una propaganda abrumadora. -escribe Walsh- pretendiera que videla defiende los derechos humanos, que massera ama la vida,... y lograran la ilusión de matar hasta el ultimo de los militantes. No harían mas que empezar de nuevo, porque las causas que mueven la resistencia de los pueblos no desaparecen de la mano de un poder represivo sino que se agravan por el recuerdo de los estragos causados y la revelación de las atrocidades cometidas”.
Tenia catorce cuando una tarde nos subimos al tren en la estación de Zárate, nos bajamos en Migueletes y desde ahí caminamos casi toda la noche hasta Ezeiza, las balas nos pasaban por encima de la cabeza no entendíamos nada, solo queríamos ver a Perón.
A Carranza una tarde lo sacaron de la casa lo metieron con otros vecinos de Florida en un bondi, unos cuantos canas los custodiaban desprejuiciadamente.
¿Por que nos llevaran? (pregunto uno.)
Será por jugar a las cartas. (dijo otro)
Me huele mal. El grandote dijo algo de una revolución. (opino el tercero, mientras Carranza se empezaba a poner nervioso)
Rodolfo prefirió dejar la casa de San Vicente, el día después de la publicación de una carta donde denunciaba las múltiples violaciones a los derechos humanos por parte de la junta militar. Por la noche llegaron como cuarenta milicos armados hasta los dientes y destrozaron el lugar sabiendo que Walsh no estaba allí, ya habían matado a su hija y allanado la casa del Tigre de donde robaron todos sus manuscritos.
Lo agarraron en Constitución alrededor de las tres de la tarde, Rodolfo tenia una pistola calibre 22 que solo pensaba usar para que no lo llevaran con vida, y así fue. Un disparo, solo un disparo y la furia armada cae sobre su cuerpo destrozándolo a tiros de Itaca. Un comando de la esma a cargo de maco (nombre de guerra del mayor julio cesar coronel), lo captura, pero el disparo de Walsh, como cada una de sus palabras hace historia, impacta en el muslo izquierdo de maco, quien cojeará por el resto de sus días.
Esto me huele mal. El grandote dijo algo de una revolución. Dijo Carranza en la víspera de José León Suárez.
Yo sé que esta historia no te dice nada, porque te perece vieja como a mí entonces la de Operación masacre. Pero se la ve tan parecida. Hoy como ayer los chicos de los barrios humildes juegan todo el día a la pelota y son inocentemente verdaderos, pero no veo muchos curas con las manos ásperas de porland, y en cambio veo algunos sembrando desigualdades. Sé que no te puedo ayudar desde este lado, porque, como diría un catalán, los muertos están en cautiverio... (y los desaparecidos)... Pero no se puede renunciar a la utopía, cuando a ella se le dio de comer tanta muerte. Estas son las ultimas cosas, estoy seguro de ello. Estamos resistiendo pasar al olvido, estamos resistiendo el olvido, pero las cosas desaparecen una a una y ya no vuelven, pasan a la historia y se confunden con el zapping. Te conté alguna de las que yo he visto y las que me contaron que existieron, puedo gritar desde este silencio, aun sabiendo que no me vas a escuchar y puedo contarte como fueron desapareciendo todos los otros y solo quedaron ustedes, tan inocentes y tan buenitos. Te grito esta historia porque cuando vivís en esta parte oscura de la ciudad aprendes a no dar nada por sentado, y no se como puede ocurrir pero algún día los malos estarán en el sitio merecido, y como ya te dije a esa esperanza no puedo renunciar, porque después de tanta búsqueda, de tanta conciencia social y de la perdida de las ilusiones puestas en la justicia, al ver que los muertos están bien muertos y los asesinos probados y sueltos, no hace mas que acrecentar una vieja sed. Este no tiene que ser el fin.

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