“Lo que no está en plena calle, es falso, inventado, es decir, literatura”
Henry Miller
Explicar la escritura es un intento vano, ya que nadie puede leer el intento de escritura de un otro, sino que creará su propio texto haciendo su unívoca lectura. Pero sí tengo la necesidad de transmitir que me pasa frente a la tan mentada hoja en blanco, o qué con el oficio de escribiente o para decirlo mas analíticamente con esa compulsión por el acto que no cesa de no escribirse.
Si bien cae por lo dicho que el acto de escritura es un imposible, que solo se justifica por el placer del acto en sí y no por el de la transmisión. Hay una necesidad de justificar la empresa, esto es: Ajustar la escritura a lo real. Un real concebido sin adjetivos, ni juicios de valor. Real como un mero tajo en el filón de la historia, una Raja, como diría Henry Miller, que se abre sin pasiones entre un irreal y otro irreal, entre la ficción del pasado que solo se realiza en tanto recuerdo y la ficción del porvenir del cual no podemos afirmar más que su azar. Una rueda que gira sin destino pre concebido. Ahí la literatura o literaturra, como Raúl García osaba llamarla.
Entonces los textos, entonces los Personajes.
En el Libro de Arena, donde el otro Collado juega a ser una especie de Pierre Menard. Una amante que odia a un viejo y eterno, quizás por eso siniestro, objeto amado. Maiakovski, el poeta, partiendo su vida al ser desterrado de la siempre ilusión del amor, representada como una mentira o mejor como una promesa que jamas terminará por cumplirse. Kerouac, traicionando su nomádico estar en él camino, para estar parado en ningún camino colgado de una botella, porque tampoco hay camino posible. Porque él, como Maiacovski, son perros después de una lluvia de perros. Perros a los cuales la lluvia despojo de sus olores de una lluvia de perros. Perros a los cuales la lluvia despojo de sus olores de perros, perdidos ya en un territorio que no les pertenece porque no es reconocido como tal. Después insiste Beckett, perdido en el azar de los dados del universo, en el azar del antojo de un nadie que intenta, intentó, intentará, hundir una daga para rajar las carnes, tajo entre el pasado y el porvenir. Un nadie, mendigo beckettiano esperando al “Godot – Dios” del azar, y un “pajarraco - fantasma - Becket” rondando la ciudad de Dublín, verde, sangre y bruma, intentando una y otra vez lograr, comprobar diría, que los sucesos ocurridos pueden ser recurrentes porque el azar lo considera.
Aunque el otro Collado, no yo, grita que la casualidad no existe, que el azar no existe, que las constelaciones estelares que justifican los hechos no existen, como no existen ni el amor, ni la revolución, ni el psicoanálisis, ni la ciencia; ni la religión, primer bastión perdido; todas meras ilusiones para evitar enfrentarnos con la realidad darwineana, con esa única certeza que es la existencia del Animal Humano. Animal desterrado de la ilusión, mero parlante, caja de carne sonora que repite ecos ancestrales y juega a adivinar el residuo de los códigos de una comunicación inexistente. Otros ecos de similares parlantes congéneres. Insistencia imposible. Necesaria ilusión de comunicación para evitar el nomádico y anárquico caos.
Y fue Beckett para ser la jaula de Ezra Pound, miserable compartimento al cual es conminado. Un actuante perdido en los pliegues del tiempo; memoria Alzheimer; por su propio engendro represor que no pudo haber no nacido, un ser que no pudo evitar su ser. Lo bueno es no haber nacido, el bien se logra con la muerte, repiten los congéneres becketianos. Pero Pound, el niño, el viejo, el preso, al final muestra un logro posible, la ultima esperanza del Collado que empiezo a ser: La carne eco del pensamiento; con un cuarto de cerebro, si es posible, sin nada de él si es posible; con el culo tajeado por los bordes de una lata en la cual se come tanto como se caga, el congénere atravesado por la miseria y por el no ser, el animal enjaulado, el poeta, el mero parlante eco de carne, el nada, de pronto transpira algo mas que sus efluvios apestosos, de pronto la quijada que cae y el congénere emite un sonido que acierta la belleza, unos pocos y tal vez imposibles versos. Dice Pound: He intentado escribir el paraíso / que los dioses perdonen lo que he hecho / que aquellos que amo traten de perdonar lo que he hecho.
Entonces algunos creen que la literatura es algo vitalmente necesario. Pues no lo es, es solo literatura, ecos del congénere, que roza la belleza muy de vez en cuando en la ilusión de la transmisión.
Escribo, escribe el Collado iluso. Ilusión de Beckett, de Carver, de Miller, de transformar la escritura en un real. Pero ocurre que un personaje Milleriano se encuentra con su similar Beckett. El primero dice: - Vos querés saber que es lo real: Mirá esa ventana. ¿Qué ves?. Aquella la de más arriba. Todos los días se sientan a esa mesa y juegan a las cartas, solo ellos dos. Ella siempre con ese vestido rojo, él siempre baraja el naipe. Eso es lo real. El personaje de Beckett, lo mira atentamente, recorre la vista de la ventana a su interlocutor en un tiempo que se alarga tanto, que parece nunca terminar, mientras piensa que lo que su congénere llama rojo es simplemente gris, negro claro.
Lo real en Miller: los colores serán fuertes y llamativos; en cambio el ojo del beckettiano como el ojo de un perro no distinguirá mas que variedades del gris.
Artaud, transforma su ser en la locura de ser, su pasaje del homo sapiens al homo real, al acto en sí, despojado de la ilusión de ser. Ser en el ser. Artaud el primer hombre nuevo. Un hombre que renuncia al automatismo del cuerpo, a la repetición del comer, cagar y dormir. Los cuerpos que son ronquidos y bocas amargas al despertar, que repiten la rutina del animal humano, sólo dejan 20 poemas como acto productivo. El equilibrio entre al hombre automático y el creador está tremendamente roto.
Cortázar nos dice la falsedad del tiempo; los relojes nos matan, no creamos en ellos. Elijo, Collado elige a Deleuze para mostrar la posibilidad del cambio. Abandonar el territorio implica tomar otro territorio en el cual aprendemos y aplicamos el cambio. Julio en muchos de sus textos, por ejemplo en “62 modelo para Armar” o en Rayuela”, como Joyce en el “Ulises”, desterritorializan la literatura para hacer una nueva y revolucionaria literatura. Micropolíticas del cambio. La Micropolíticas como revolución posible.
La vida de Walsh nos enfrenta al acto del no renunciamiento. La revolución se hace en cada cambio, en su acción misma, cada gesto es la revolución. La revolución no es una utopía. Como utopía, la revolución es una mera ilusión. En la acción vive el acto revolucionario, la marca en la rodilla de “Maco”, el asesino de Rodolfo Walsh, es un acto.
Y después la muerte de los buenos, de los utópicos, pero también de los hacedores. El discurso periodístico que elijo en el texto sobre Lennon, trata de hacer una mueca, sobre la acción misma. La mera descripción es un intento por marcar la acción. Por otro lado la actitud de Polanski ante el mito de Satán. Si el diablo existe, existe en la locura. Antaño se pensaba que los locos estaban poseídos por el demonio, cuando en realidad, Mefisto es el hijo de las mentes perdidas. El Diablo se termina en los fármacos antipsicóticos. Vive en el inconsciente humano como vive el temor a la castración. El terror solo viene de la mano del animal humano, capaz de torturar, de matar, de hacer desaparecer.
Y para terminar la ceremonia de la muerte, tan sin nada, transformada en ritual, la muerte de mi hermano Raúl García, la insensatez de la muerte del mejor para mí. Lo real de la carne despojada de las hermosas vestiduras. El dolor en el dolor mismo. Allí para seguir viviendo es necesaria la creencia en la insoportabilidad del dolor. Entonces el otro Collado llama a la esperanza, es el utópico racionalista quien llama a Guevara desde el muro del cementerio.
¿Dónde lo real entonces?. Bien, coincidamos, el Amor, la Revolución, la Fe, son mera ilusión. Lastima, pero sí. El dolor, la razón perdida no. De eso, y no de otra cosa, tratan estos textos.
martes, 18 de marzo de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
solo es real el dolor?
Hola, uso este medio por que no encuentro otra forma de contacto, te agradezco un mail, tengo curiosidad por saber de donde como se te ocurrió lo de Literaturra y me gustaría intercambiar enlaces.
con www.muyliteraturra.blogspot.com
Publicar un comentario